“Puede suceder”
“Se ahogó José Ramón Vecinos”
Diario Extra
Medio siglo atrás los campos gallegos lo vieron nacer y el creció entre meigas,
dunas y un amor al balompié desmedido. Hizo sus pinitos en las canchas de los
alrededores y tras colgar los bocerguies siguió su idilio con la redonda y se dedicó
a obtener el titulo de entrenador para seguir en los mismos menesteres.
Pudo ser que un día decidiera emigrar a tierras leonesas. Fue la Ponferradina un
equipo afín a sus intencione se trascender. Y lo dirigió, además de asentarse en las
frías tierras de la vieja provincia castellana e hizo trillo profesional y familiar.
Después del nuevo siglo, tal vez desanimado por los avatares de la vida, decidió
emigrar. Busco en tierras caribeñas y más concretamente costarricenses una nueva
forma de reiniciar un nuevo camino, lejos del ente familiar. E incursionó con nuevos
ambientes y también amigos. Fácil para llegar, con verbo fuerte y poco acostumbrado
a las formas, conocido de “estrellonazos”. Se le conoció enseguida en el banquillo
herediano, después llegó al sancarleño y recaló en el santacruceño, con breves
incursiones en países vecinos: Panamá y ahora El Salvador.
No se contento con entrenar sino se involucró en labores de hosteleria. Su afán:
radicar en Costa Rica. Todo ello tras un breve regreso a la made patria. Y así se lo
hizo saber a sus amigos más próximos. Buen contertuliano de Javier Rojas , y miembro
adoptivo de la familia de Freddy Segura, encontraba en Ceferino Casero un buen
consejo. Todo ello sin olvidar a Aquíl Ali, por etapas, una de las personas que le
tendió la mano.
Actividad profesional cuestionada, con huella de trabajador insigne pero carácter
fuerte que contrastaba con el camerino siempre epidérmico. Ya José llevaba una
temporada en Liberia, esperando la oportunidad para de nuevo sentarse en el
banquillo. Y le esperaban en El salvador para en los siguientes días arrancar la
pretemporada.
Pudo ser que decidiera despedirse de la tierra blanca y acudiera en busca de
esparcimiento. Y así lo hizo el pasado domingo, pero no calculó que si en tierra
firme se resbala y tropieza, en el mar no hay asidero al que aferrarse y una ola
poco amigable le envolvió y se lo llevó… para siempre.
¡Adiós José!