“
REPECHAJE” (I Parte)
“Hay que saber jugar fuera de la cancha”
E. Martín Landa
La última oportunidad para clasificar implica un manejo diferente de situaciones reales que un partido de fútbol depara. No hay más allá… Son dos encuentros, dónde el factor casa es fundamental, máxime si la eliminatoria se decide en un mítico escenario con el anfitrión de favorito. Sucederá en el Uruguay vrs. Costa Rica y en más repechajes que mañana se juegan en el orbe.
En Montevideo buscar un “Centenariazo” es una utopía. Máxime si el milagro depende de protagonistas que en el proceso de “La Tricolor” están debiendo, tanto en el terreno de juego como lejos de él. En bastantes procesos de “la roja” siempre han aparecido “vendepatrias”; no es esta o aquella la más llamativa; pues todo el tiempo algunos le echaron un pulso a la dirigencia o al cuerpo técnico, con el aval y alcahuetería de propios y extraños, aunado –en ocasiones- a la complicidad de ciertos medios de comunicación que ocultaron situaciones y desvaríos reprochables.
Coinciden ahora muchos periodistas que el desempeño del brasileño Simoes, al frente de la Selección, ha sido una catarata de ocurrencias e incongruencias. Y aún falta la factura que puntualmente llega cuando se tomaron decisiones sin criterio o conocimiento para enderezar situaciones de crisis, por no estar acostumbrados quienes nunca fueron “hombres de fútbol”.
Seleccionar “figuras” a través de Internet; convocar a futbolistas sin ritmo ni continuidad en sus clubes, o llamar a “cracks” de larga inactividad, es un claro exponente de la improvisación en la que se incurre. Y si para más INRI, los asesores de turno estuvieron involucrados en el fracaso anterior, es obvio que no se debe esperar que exista resplandor donde antes todo fueron tinieblas.
Premiar a los futbolistas, con cuatro, ocho o doce mil dólares por partido, según sea convocado, suplente o titular; o más de 90 mil dólares si finalmente iban al Mundial Sudáfrica 2010, es una suma justa e importante que premiaría a quienes hicieron el esfuerzo y demostraron profesionalismo en todas las ocasiones en que acudieron al llamado del representativo patrio; pero dicha cantidad, para los que degustaron las mieles de contratos y premios millonarios, es “pecata minuta”; y, por ende no se comprometen, ni están a la altura de lo que el país y la oncena nacional exige,
Se sorprende el aficionado del poco amor demostrado por algunos “ídolos” cuando de pelear “a muerte” se trata, pero olvida que viajamos a un Mundial con lesionados que le quitaron el campo a los que sí lo merecían. Nada nuevo, por tanto, en lo que está pasando alrededor de “La Sele”.
¿Por qué sufre un desgarro un profesional del balón a los 20 minutos de juego, sin que medie fricción alguna? Ello es sinónimo de “causa y efecto”. Por eso estamos como estamos…
Mañana seguimos