“CERRADO POR BALANCE”
“La derrota es huérfana”
Guillermo Vargas Roldán
Se cerró la fase premundialista con el resultado previsto. Hay que hacer balance y cerrar el negocio, si fuera necesario, para llegar a la conclusión final. Momento idóneo para deponer actitudes y colgar la soberbia, mientras la prepotencia se cae a jirones en personajes sin humildad. Muchos de los responsables son exhibidos y señalados con el dedo acusador y el pulgar hacia abajo.
Se fue René Simoes, con su verbo cantinflesco, sin el mínimo dolor. Se sabía que él se iría y resto se quedaba secando lágrimas. En Copacabana, Río o Florianapolis ayer amaneció como si nada hubiera pasado; mientras que en Costa Rica el día no terminó de aclarar; en todo caso Brasil es bonito, máxime con un finiquito y dólares en el bolsillo; en tanto la maleta del fracaso quedó en tierras montevideanas para que… “el último que salga, apague la luz y cargue con ella”.
Por estos lares, se tendrían que revisar los presupuestos. Igual los de los clubes de la Unafut , como los de la Liga de Ascenso y, por “el efecto dominó”, de las otras ligas. Dejar de percibir más de 3 mil millones de colones es sinónimo de bancarrota. El lucro cesante, que no es tangible, se torna infranqueable y desde luego imposible de suplir por las instituciones futboleras.
Cuando un objetivo no se cumple o una institución quiebra (es obvio:¡el fútbol tico quebró!) por causa de una mala previsión o pésima ejecución, muchas son las consecuencias. De entrada los órganos directivos y gerenciales se quedan sin espacio para continuar, en vista de la deficiente gestión realizada. En cualquier empresa o sociedad, por autoestima, dignidad y compromiso, las personas agarran los portafolios, presentan informe final de labores y se despiden de quiénes fueron sus colaboradores y se marchan antes de que los echen, o cinco minutos antes de que suceda.
Pero en el fútbol hay poltronas difíciles de abandonar. Tal parece que existen personajes que se pegan a ellas como si fuera un contrato matrimonial de juramento eterno. Y bastantes quieren, por rencor o mezquindad, morir matando, para lo cual lanzan dardos dialécticos; al mismo tiempo que se escuchan balazos desde todos los flancos. ¡Sálvese el que pueda!, gritan.
Y en medio de tanta desazón, hasta los políticos emiten criterios; si bien lo hacen con suma diplomacia y aplican el verbo certero; es obvio que no serán atendidas sus recomendaciones. De todas formas sería una actitud de mucho respeto, que entendieran unos y otros, quiénes son los que están sobrando, para que dejen el espacio a otros; o lo que es lo mismo: ¡dejen la mesa limpia!
Al final del camino, y en el repaso del vía crucis sufrido, todos eluden su parte de culpa. Y los colectivos, ya sean dirigentes, técnicos, periodistas o futbolistas, se sacuden. A final de cuentas, “la derrota es huérfana”, que bien decía el excelente y querido ex dirigente moncheño.